Cuento: La Vulnerabilidad del Dragón

Cuenta una leyenda que en las lejanas tierras de China, existen unos dragones que tienen el poder de transformarse en el animal que deseen y así poder acercarse a los humanos.

Cuenta una leyenda que en las lejanas tierras de China, existen unos dragones que tienen el poder de transformarse en el animal que deseen y así poder acercarse a los humanos.

Uno de ellos una vez se transformó en una paloma blanca para estar cerca de estos, y así fué: disfrutaba comiendo las migas de pan que le echaban, escuchaba las historias de amor y dolor que las gentes se contaban en parques y jardines.

Todo iba genial hasta que un día se acercó a un grupo de niños traviesos que comenzaron a tirarle piedras, y el dragón convertido en paloma confundido no podía entenderlo, e insistió en volver a acercarse hasta que recibió una pedrada que le rompió un ala.
Ahí se dio cuenta que su vida corría un serio peligro pues herido no podía volver a convertirse en dragón para defenderse.

Los muchachos al ver que no volaba corrieron a rematar la faena y el dragón muerto de miedo trató de huir desesperadamente, y fué gracias a una niña que la recogió y protegió del grupo de muchachos, que pudo salvarse.

La niña llevó a la paloma a su casa, la alimentó, le construyó una casita a su medida y la colmó de besos y de muchos abrazos.

Cada día la limpiaba y curaba su herida, le hablaba con mucho amor, jamás había recibido un dragón, un animal tan agresivo, con esa piel tan dura y escamosa, tan irascible y peligroso que expulsaba fuego cuando se enfadaba, con esas garras aterradoras y ojos ensangrentados, como dije, jamás había recibido tanto amor.

Poco a poco se fue recuperando hasta que llegó el momento de poder soltar al animal recuperado, y ambas, paloma y muchacha se sintieron muy tristes mientras se miraban, conscientes que el momento de despedida había llegado.
Le llevó al parque y éste tardó en decidirse a volar, y cuando lo hizo comenzó dando vueltas alrededor de la muchacha que con lágrimas en sus ojos, mezcla de tristeza y satisfacción, le gritaba:

-¡¡Vuela palomita, vuela alto, y cuídate mucho!!.

La paloma seguía dando vueltas cada vez más y más alto, hasta donde nadie pudiera verla y poder así transformarse en dragón.

Mientras volaba reflexionó que siempre había sentido su poder ante los humanos, se sentía admirado, venerado, temido por estos, pero jamás se había sentido amado.

Desde entonces, cada año por las mismas fechas el dragón vuelve a transformarse en una hermosa paloma blanca, para sentir algo de amor humano, pese al riesgo de saberse vulnerable.

(Nota: Esta es mi adaptación del cuento original de Carlos Vallés) 

 
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