Presentación:

Espero que leas este texto desde una actitud escéptica, es decir, no te creas nada de lo que aquí expongo, y si al finalizar, algo despierta tu curiosidad o te resuena, pues… quizás te movilice y decidas abordarlo empíricamente desde tu experiencia personal, sacando tus propias conclusiones. 

      Hoy quiero compartir la distinción “Exigencia Vs Excelencia” porque muchos piensan que la forma de conseguir la excelencia tan deseada es a través de la  exigencia, y que esta es una cualidad importante, incluso imprescindible, para lograr cualquier objetivo. Son aquellos que se llenan la boca hablando de esfuerzo y sacrificio como valores fundamentales… yo era uno de ellos, pero les invito a bucear un poco en esto…

¿Qué elementos intervienen en la Exigencia?

Por un lado está el exigidor o exigente, por otro, el exigido…  y en un tercer análisis, está el acto en sí de cómo interpreto o gestiono esa emoción:

La parte exigente es la dominante, la que usa la razón, la masculina, la energética, lo que Eric Berne llama en el análisis transaccional  “el padre controlador”. Es la parte que se ciñe a las normas, los preceptos, los modelos de conducta, lo que “se debe hacer”, “ los tengo que”, la Autoridad.

Bajo mi punto de vista este comportamiento está relacionado con las cualidades señaladas del hemisferio izquierdo: lo verbal, la expresión oral, la lógica, la parte que sigue directivas, lo auditivo, lo secuencial, lo basado en la realidad, lo simbólico. Así es como piensan, pero… ¿Cómo se sienten con esto?.

Cuando nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos, la cosa cambia:

En el momento que dejamos de lado la razón para permitirnos sentir, sale la otra parte, la dominada, la exigida, la que no se expresa, la obediente, el niño que todos llevamos dentro, ese que lleva toda la vida obedeciendo sin rechistar, sin expresar cómo se siente y que no se siente querido y respetado. 

Conectar con esta otra parte nuestra exigente, es sentir el agotamiento del eterno esfuerzo, la presión, el hartazgo de la obligación, del “hacer y hacer sin final” buscando en el fondo ser validado, visto, reconocido, aceptado.

Así, desaparece la diversión, ya no hay disfrute ni celebración en los pasos que voy avanzando en el camino. Se siente que tanto sacrificio no vale la  recompensa prometida, que sacrificarme es, en definitiva, dejar de ser yo mismo para satisfacer a otros.

Desde este valor se produce la renuncia al Ser. El trabajo está en forzar permanentemente, sin placer, sin regocijo. No estoy en el niño que saborea el  “aquí y ahora”, ni en la curiosidad, sino en la obediencia no elegida.

 

Por eso destaco que para mí, trabajar la Excelencia es estar alineado con las cualidades propias del hemisferio derecho: el No verbal, las emociones y sentimientos, lo analógico, lo atemporal, lo visual, la creatividad, la expresión artística, lo intuitivo.

¿Cómo se define entonces la Exigencia?

La exigencia es pues la relación tiránica del exigente al exigido, aunque incluso se realice contra uno mismo. Las preguntas claves son: para el exigidor ¿Qué me exijo ser? Para el exigido ¿Cómo me siento con esto?

Una metáfora interesante que propone Norberto Levi es la imagen de un jinete montado en su caballo: El jinete es el exigente fustigador y el caballo el exigido callado, obediente exhausto. El exigido recibe órdenes que no puede cuestionar abierta y libremente. Por lo tanto, en lo externo se somete y en lo interno acumula malestar, enojo y resentimiento. Como dice Rafael Calbet: “.. la exigencia se ejerce sobre uno mismo, no sobre la tarea…”, matando el disfrute de hacerla.

Los exigentes confunden “lo que son” con  “lo que hacen”, así cuando las cosas salen mal lo viven como un fracaso, y cuando los demás hacen una crítica a su hacer, lo sienten y sufren como una crítica personal y una amenaza a su integridad o a su valía, profesionalidad… Tienen más dificultades para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias.

La exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato”, con la sumisión infantil para complacer a esas figuras de autoridad, olvidando o relegando sus propias necesidades, lo para él importante o deseable.

 

Comparación entre los excelentes y los exigentes

Veamos la comparación entre ambos:

La Exigencia busca La perfección, y la Excelencia, la mejora

La trampa está en que la perfección no existe. Esta actitud-pensamiento-sentimiento persigue lo imposible, porque lo haga como lo haga, siempre se puede mejorar y con ello no me permito disfrutar de los avances logrados, por tanto la exigencia es un eterno compromiso con la insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia y nunca cesa, los logros nunca serán suficientemente buenos, perfectos, completos… 

La Exigencia se enfoca en lo que falta, en el resultado, en aquello que no se pudo completar, de ahí que conduzcan a descalificaciones justificadas en el insuficiente esfuerzo.

Mientras la excelencia observa lo que hay, mira en positivo el proceso vivido, cuyo camino conlleva disfrute y satisfacción. Por el contrario el exigente trabaja negativamente, sin motivación suficiente y desde el sacrificio y esfuerzo.

La ventaja del Valor Excelencia está en que ésta se observa fuera de mí en la acción, es decir, no me habla de cómo soy yo, sino que si algo me sale mal, no soy yo quien soy imperfecto, sino que sólo es una parte de “mi hacer” el que sencillamente considero objetivamente sin sufrimiento que se puede mejorar, y por tanto me induce a la acción motivadora, valiente y positiva.

¿Cómo tratan el error unos y otros?

Los exigentes tratan el error como un fracaso, los excelentes como el proceso necesario de aprendizaje. Así éstos últimos gestionan la confianza, frente a los exigentes que lo hacen gestionando el excesivo “Control” que se convierte en la herramienta de tormento. Por eso en su caso los retos son concretos y alcanzables, mientras que son “grandes retos” el de los excelentes.

Los exigentes delegan ordenando y mandando tareas, los excelentes delegan las  responsabilidades, por tanto el  aprendizaje para los excelentes se basa en el desarrollo, siendo calificaciones mas apreciativas y cualitativas los logros alcanzados. Enfrente se encuentran los exigentes, que aprenden por imitación y repetición, con escasos feedbacks normalmente excesiva y dolorosamente críticos.

Los exigentes son jefes que conforman equipos inmaduros, cuyas emociones se basan en miedos, temores, represalias y castigos. Los excelentes son líderes estratégicos, y cuentan que contrastan por su entusiasmo y positividad. Son creativos, arriesgados, y buscan alternativas. Aceptan puntos de vista diferentes a los suyos, admiten las críticas y las sugerencias como una oportunidad porque no se sienten amenazados y cualquier aportación recibida se estima como un nuevo camino para seguir aprendiendo y avanzando hacia sus objetivos.

Concluimos entonces que: 

La excelencia nos conecta con lo que queremos realmente, con lo que nos gusta y con lo que estimamos trascendente. 

Por todo lo expuesto te invito a reflexionar:

y ahora, ¿Excelencia o Exigencia?:

¿desde dónde crees que hay que orientarse para conseguir mejores resultados?

¿Qué elegirás a partir de ahora? 

 

Mi nombre es Alejandro, tu Coach, y esto es Viveando Vidas: tu espacio de reflexión y crecimiento.

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