Medida del perfeccionismo

OTRA MIRADA AL PERFECCIONISMO

 
De entrada pudiera parecer que sentirse perfeccionista es bueno pues me ayuda a conseguir los éxitos y triunfos que quiero lograr en la vida, pero examinémoslo con más detenimiento para tomar consciencia que se trata de una creencia heredada y no de un hecho.
Muchos tendemos a pensar que la búsqueda de perfección es un intento de conseguir una continua mejoría, pero para mejorar necesito tratarme con amor, aceptarme tal y como soy, olvidando la urgencia,  corregir mis errores sin juzgarlos ni esconderlos, pero en la perfección me maltrato me rechazo y trato de esconder, ocultar a toda costa mis errores.
 
El perfeccionismo es la creencia y el atributo de los críticos exigentes que consideran que se puede y sobre todo se “debe” lograr la perfección.
Perfección originalmente viene del latín de la palabra “perfectio”, que puede traducirse como “la acción de dejar algo acabado”, pero la clave está en el matíz de hacerlo “sin ningún tipo de error”.
Esta cualidad imaginaria irreal, impuesta como digo por los exigentes, supone un compromiso inconsciente con la eterna insatisfacción por la búsqueda de una entelequia o utopía, a la vez que una esclavitud autoimpuesta.
Sea cual sea el resultado de mis acciones, como siempre puedo hacerlo mejor, no me permito disfrutar de los logros que voy consiguiendo por el camino, ni del  proceso de mejoría.
Se puede ser extraordinario e imperfecto, es decir tener defectos sin sentirme defectuoso.
El perfeccionista confunde el “quiero” con el “tengo que” y el “no quiero” con “no puedo”, y esto lo lleva a todos los aspectos de su vida, sin ser consciente que la exigencia no la ejerce sobre sus acciones sino sobre su persona.
La perfección es sólo un concepto, inalcanzable y por tanto frustrante, que termina agotando a quien lo sufre, y todo por un mandato infantil grabado en el inconsciente; “tú puedes hacerlo mucho mejor”, unido a los continuos elogios de los padres y educadores por cualquier logro, provocando de forma inconsciente que la autoestima dependa de dichos logros.
Si a esto le unimos la forma de educación que hemos recibido en la creencia que la educación es obediencia, desde el punto de vista de los padres autoritarios, pues ya está el plato frío servido; disciplina, rigidez, baja autoestima, exigencia, intolerancia a la frustración, necesidad de aprobación, autocrítica, infinita insatisfacción, angustia, sensación de fracaso permanente, sentimiento de inferioridad, temor al error, culpa, vergüenza, obsesión, desmotivación, pesimismo, preocupación, excesiva comparación, distorsión de la realidad, identificación de “soy lo que hago”, trastorno en la conducta alimentaria, y depresión.
 

¿Sigues pensando que ser perfeccionista es positivo?