¿Cómo interpretamos el concepto responsabilidad?

La palabra responsabilidad procede del latín responsum, del verbo respondere, que a su vez se forma con el prefijo re-, que alude a la idea de repetición, de volver a atrás, y el verbo spondere, que significa “prometer”, “obligarse” o “comprometerse”.

Con esta etimología no es de extrañar, y lo entiendo, que veamos a tantas personas viviendo este valor como una obligación que cargan cada día de sus vidas, de hecho yo era uno de ellos hasta hace muy poco (aún no me he desintoxicado del todo, pero estoy en ello). 

Permitidme que les presente unos términos que he inventado para explicarme mejor… 

Responsamargos: Dícese de aquellos que viven la responsabilidad como una amarga carga. Al sentimiento que viven los responsamargos lo llamaré Responsabatimiento: sensación de abatimiento después de otra jornada de Responsadumbre.

Responsadumbre: Valor que indica la pesadumbre de cargar obligatoriamente aquello que no quiero cargar. 

  1. Los Responsablazos: Los sablazos de responsadumbre que van dando los responsamargos a todos los que se mueven con ligereza y fluidez sin mochilas mentales, tratando que la asuman su responsadumbre.

¿Cómo detectar a los responsamargos?

Podemos percibirlos en la forma en que mueven sus cuerpos, cargando un peso invisible, algunos incluso arrastrándolo literalmente…. ¿Te has fijado como se sientan?… más bien como se desploman en el sillón en señal de no poder más con esa pesada mochila mental.

Sus movimientos no son fluidos ni armónicos, casi se podría decir que no parecen naturales, más bien parecieran robóticos. Caminan por la vida con movimientos tipo “estaccato”, (uno de los cinco movimientos rítmicos) de naturaleza y energía masculina expresando lo que sienten, con movimientos lineales, angulares y definidos.

En cambio están los que viven la responsabilidad de otra manera que luego explicaré, con suaves movimientos fluidos cuya naturaleza y energía es femenina,  proveniente de la conexión con la madre tierra y el enraizamiento, moviéndose de forma generosa, circular, continua, cuidadosos y protectores.

Otra forma de percibirlos es en sus rostros, yo conservo uno de los rasgos característicos, esos surcos labrados con tiempo en el entrecejo, que hablan de preocupación, de malestar, contradicción y enfado, esa que los perros detectan en 0,nada y de la que huyen.

Hablo de rostros serios, cejas rectas y apretadas, ojos de mirada a veces retadoras, otras temerosas, otras ausentes…

Podemos también percibirlos en su respirar, acortado como si tuviesen poca capacidad de expansión pulmonar, cuyo ritmo es más acelerado para compensar la falta de oxígeno… sabes a qué me refiero verdad.

Victor Frankl dijo: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que lo afrontes”.

 

¿Cómo dejar de vivir como un Responsamargo?

Lo primero es fijarnos en la propia palabra, Respons(h)abilidad, es decir habilidad de responder ante cualquier suceso.

Sí, no es más que tu habilidad de respuesta.

La carga solo es mental, heredada por generaciones, debido a la falta de liviandad, que es darle a cada cosa el peso que le corresponde, ni más ni menos. Ni más porque sería darle gravedad y pesadez a cada asunto, ni menos que sería tomarlo a la ligera.

La responsabilidad es una actitud, una forma de vivir cada situación, la puedo ver como una carga o la puedo observar como una posibilidad de crecimiento, de sentirme orgulloso al responder con mi habilidad, de aprender cuando no consigo resolver o cuando me equivoco, tratando con amor y respeto esos errores, tal y como tratamos a los niños cuando aprenden a caminar, leer, escribir, montar en bici, y se equivocan.

También puedo observarlo como retos que la vida me propone para que desarrolle esa habilidad de respuesta y me sienta reforzado con los logros, con una autoestima saludable.

Soy consciente que hemos sido educados en el temor, la vergüenza y la culpa, emociones que paralizan e impiden nuestro desarrollo y  felicidad, pero ahora puedo decir que no importa la educación que he recibido en el pasado, que el pasado no determina mi futuro, que puedo cambiar con proponérmelo.

Si ya sé que estás pensando ¡¡pero no es fácil! o ¡¡pero que difícil es!! tampoco lo era aprender a hablar ni a escribir ni a montar en bici, y en ningún momento nos planteamos su grado de dificultad, simplemente queríamos aprender y lo hicimos.

Empieza por eliminar los PEROS en tu vida, cada vez que usas uno, eliminas lo anterior: “Me encantaría poder hacerlo pero es difícil”.  Dale la vuelta a la frase y di:

 “es difícil pero me encantaría poder hacerlo”

y ahora ve a por ello con la determinación del niño que llevas dentro, que hizo que aprendieras todo lo que sabes.

¿Cómo lo hicimos de niño? viviendo en el más puro y auténtico aquí y ahora, levantándonos a cada paso erróneo que dábamos, corrigiendo cada palabra mal dicha, borrando cada letra mal escrita y sobre todo, tratándonos con el mismo amor y paciencia que recibimos mientras aprendíamos.

Es una invitación a que cambies la forma de observar cada imprevisto, cada situación no deseada, cada obstáculo que se presente, y también lo cotidiano como el trabajo, la familia, los roles que ocupas en cada sistema.

El temor lo gatillas cada vez que dejas de estar en el aquí y ahora cual niño, para imaginar un futuro incierto o lo que es peor un futuro desastroso.

Disfruta cada momento como si fueras a morir pronto, con los cinco sentidos puestos en lo que estés ocupado, en lugar de estar preocupado por lo que pasará. La preocupación es todo aquello que sucede previo a que te ocupes, es decir todas las vueltas que le das en tu cabeza al asunto, contándote cuentos malos de miedos. Miedos que casi nunca sucedieron ni sucederán, porque sólo están en tu imaginación, cuentos que te paralizan impidiéndote desarrollar esa habilidad de respuesta.

Libérate de la culpa, esta no existe, es sólo un programa que te instalaron los responsamargos en tu infancia, para que te machaques cada vez que te atrevas a hacer lo que quieres hacer, aquello que te hace feliz. (Ve a mi otra entrada de blog sobre la culpa si quieres profundizar en este sentimiento).

 

Atrévete a ser feliz, y desinstala la vergüenza de tu vida (pronto haré otra entrada de blog con esta farsante emoción inculcada por los responsamargos).

¿Qué es entonces la responsabilidad bien entendida?

La responsabilidad no es una carga sino un compromiso. ¿Qué es un compromiso? Es una promesa que hago en total libertad, no estoy obligado a hacerla, la hago voluntariamente porque quiero hacerla.

La hago no con el foco puesto es el resultado, sino en el proceso, ya que no sé si podré cumplir con esa promesa de eterno amor, sólo sé que con las circunstancias del momento en que me comprometo contigo, mi actitud es de ir a por ello. 

Por ejemplo, no puedo prometerte amor eterno, porque no sé si las circunstancias cambiarán en el futuro, pero puedo comprometerme a formar un vínculo contigo incluso una familia, porque ahora te amo y quiero crear algo juntos. Elijo libremente amarte y elijo amarte cada día, lo que no significa atarme con una promesa de amor eterno ya que eso sería no querer ver que las cosas cambian, nosotros cambiamos, todo cambia, y aún así, hoy apuesto por esta relación a sabiendas que el futuro ya se abordará cada día, y cada día elegiré volver a amarte, y si un día cambian las circunstancias y desaparece el amor, actuaré con responsabilidad haciéndotelo ver de la mejor manera que sepa y pueda.

En cuanto al movimiento, la invitación es primero en el CAOS, la creatividad que busca forma, la puerta de entrada a la gran mente, liberando el cuerpo, desprendiéndonos del “no puedo” para viajar al “lo haré”.

Este ritmo nos libera de toda idea sobre lo que soy para sentirme libre y creativo caminando hacia lo desconocido, sin temor a lo posible.

Moverme soltando, permitiendo, invitando, animando, dejando marchar.

Es integrar ambas energías femenina y masculina, tierra fuego y aire, con movimientos fluidos, continuos, circulares, donde melodía y ritmo se unen en vibración.

Luego continúa con el Lírico, el arte de salir del Caos, una danza energética, emocional y espiritual del renacer, disolviendo patrones nocivos con repeticiones fluidas y creativas desde lo más profundo del alma, conectando con nuestra humanidad. Aquí bailamos con pies ligeros, como volando.

Para acabar con la Quietud conectando nuestra respiración con cada acción, creando un espacio que nos permita ser capaces de reconocer nuestra esencia en el otro, romper los límites que impiden sentir que  todos somos uno.

Tomar conciencia de nuestras necesidades, que son las de todos, del equilibrio en el arte de dar y recibir, de ser quién somos, sin juicios que bloqueen sueños, abriendo el abanico a toda posibilidad.

Mi nombre es Alejandro y esto es Viveando Vidas,

tu espacio de crecimiento personal.

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